Madre e hija (infidelidad)


Ante todo mi nombre es Raúl, y me encuentro casado con Minian, somos los padres de Ester, la que a su vez se encuentra casada con José, el cual es hijo de Jaime y de Luisa.

Bien una vez que ya saben quienes somos, les narraré lo que nos ha pasado. A solicitud de Minian, mi esposa en esos tiempos, se decidió el que las dos familias pasáramos un fin de semana juntos. Compartiendo en nuestra casa de campo, que tenemos en la hacienda, a las afueras de la ciudad. Con la idea de conocernos más, ya que nuestros hijos llevan casados un año y casi no nos conocíamos.

Jaime y yo somos unos cincuentones, la diferencia entre él y yo, es que Jaime se encuentra cobrando una pensión, mientras que yo ejerzo mi profesión, además él parece el padre mio por lo viejo que se ve, claro esta que yo a mi edad aun practico natación y largas caminatas, mientras que el deporte favorito de Jaime es el levantamiento de codo. Nuestras respectivas mujeres, también son muy diferentes, mi esposa es el fiel retrato de una dulce y abnegada futura abuela, mientras que Luisa se ve más joven de lo que en realidad es, practicaba equitación y bailes aerobics, por lo que su figura nada le envidia a las jovencitas amigas de mi hija. En otras palabras esta buenísima.

Durante el camino poco hablamos los cuatro, yo de vez en cuando observaba por el espejo retrovisor los bellos senos de Luisa, y ella de vez en cuando mientras se abanicaba, se abría la parte superior de su vestido, como para que le entrase algo de aire. Al llegar a la casa, mi esposa se puso su bata de batalla como yo le digo, y se dedicó a limpiar, Luisa se cambió de ropa, se vistió con un pantalón rojo extremadamente corto y ajustado, de esos que no dejan nada para la imaginación. Combinado con una pequeña polo gris sin mangas, de esas que dejan el vientre y el ombligo al descubierto, vestida de esa manera, se fue a caminar. Jaime al llegar de inmediato ubicó un bar a casi un Kilometro de la casa. Yo por mi parte también me cambie de ropa, para ir a nadar. A mi esposa no le gusta que le ayuden, con la limpieza de la casa, ya que es algo maniática con eso.

Yo había estado nadando gran parte de la tarde, tratando inútilmente, de alejar de mi mente la figura de Luisa. Ya me encontraba de regreso a la casa cuando en el camino me tope con Luisa, sus firmes carnes vibraban al compas de sus pasos. Al verme, a su rostro llegó una sonrisa maliciosa, cuando nos encontrábamos a un paso de distancia, ella tropezó con una bendita roca, hiendo a dar a mis brazos. Los dos nos sonreímos, y la invité a caminar por la orilla del lago. Estando hay, Luisa me comentó que le hubiera agradado, darse un baño. A lo que yo le pregunté que se lo impedía, ella se me quedó viendo como si estuviera fuera de mis cabales, y yo le volví a realizar la misma pregunta. Al ver que era en serio mi pregunta, me respondió mientras se pasaba sus manos por sobre su ropa, es que no estoy adecuadamente vestida. Yo le respondí que se podía bañar con esa misma ropa o en su defecto desnuda, ya que por esos lares no pasan personas. Ya me encaminaba a la casa cuando ella se quedó a tras de mi, y a los pocos segundos escuche el ruido que hacía al meterse al agua, me supuse que se había metido con todo y ropa, pero al voltear, me sorprendió ver sobre una rama su pantalón corto, y su polo de hacer ejercicios. Al dirigir la vista a ella se encontraba nadando alejandose de la orilla, desde donde me encontraba pude ver con gran claridad, sus hermosas y bien formadas nalgas. De inmediato tomé la decisión, de meterme al agua tras ella, y en las mismas condiciones. Rápidamente le dí alcance, colocandome a su lado. Luisa dejo de nadar, y de una manera muy sensual, trató de flotar par de veces, yo me le acerque a su bello cuerpo y colocando mis brazos de tras de ella la fui ayudando a flotar. Por un momento pensé que quisas se molestaría, pero no fue así. A sus bellos labios llegó una sonrisa, mientras me daba las gracias. Una de sus manos tropezó con mi muslo y la fue subiendo hasta llegar a mi cadera. Siguió moviendo su mano y la detuvo sobre una de mis nalgas, diciendo algo sorprendida, si tu también estas desnudo. A lo que le respondí, lo que es igual no es trampa. Luisa soltó una agradable sonrisa, yo mientras tanto fui trayendo su cuerpo hasta que estuvo en contacto con el mio.

Ella volteó a ver para todos lados, como asegurandose que nadie nos viera y estampó un beso en mi boca, mi lengua se fue abriendo paso entre sus labios y dientes. Yo me encontraba totalmente excitado, en ese momento no pensé que era la madre del esposo de mi hija. Para mi Luisa era toda una hermosa mujer, que estaba dispuesta a pasar un buen rato con migo. Su cuerpo prácticamente flotaba entre mis brazos, decidí llegar a la orilla del lago, cerca había un pequeño y tupido bosque como su coño, en cuyo centro se encontraba un claro, al cual yo acostumbraba a ir para tomar el sol desnudo. Ya en la orilla tomamos su ropa y sin decir nada nos encaminamos al bosque, una vez que su espesura nos protegió de miradas indiscretas, nuestros labios se volvieron a unir, mis manos recorrieron todo su cuerpo, y las de ella hicieron otro tanto. La excitación de ambos era grande, yo me encontraba totalmente armado, mientras que su olor a mujer era cada vez más y más fuerte. lentamente nos fuimos acostando sobre la hojarasca, de momento al separarnos, Luisa tomó con sus finas manos mi miembro, lo acarició por unos instantes, mientras su boca se dirigía hacía él. En cuestión de unos segundos se lo introdujo en su boca, su lengua jugaba con mi glande, mientras sus labios y dientes lo hacían con el falo. Yo al principio me quede tendido en el suelo, disfrutando de tan sabrosa sensación, pero no me agrada el ser egoísta, por lo que con mis manos fui jalando su cuerpo de forma y manera tal, que su peludo coño quedo sobre mi cara. Dedicandome a lamerlo y chuparlo con gusto, ello trajo en consecuencia que tanto ella como yo llegáramos al éxtasis, de nuestra tempestuosa relación, ella se fue tragando todo mi semen, sin reproches ni desagrado, según me lo iva succionando, yo por mi parte disfrute de la humedad de su coño sobre mi cara, en mi lengua y boca se hacia presente el dulce amargo sabor a hembra, mi saliva se confundía con sus líquidos vaginales. Después de un rato, los dos permanecimos desnudos tendidos sobre la hojarasca que nos sirvió de lecho, mirando al cielo. Yo le iva a decir algo pero sus labios se posaron sobre mi boca, y nuevamente nos entregamos al placer. Mi pene se deslizó con gran facilidad dentro de su vagina, debido a mi saliva y su natural humedad vaginal. Por un rato permanecimos abrazados sin movernos, disfrutando el uno del otro intensamente. Después de ello, al unísono, nuestros cuerpos comenzaron a moverse rítmicamente, mi verga entraba y salía de su coño como el pistón de una maquina muy bien aceitada. Mi boca se paseó por casi todo su rostro, mis manos sujetas a su cadera marcaban el ritmo, una de ellas la deslice hasta sus nalgas, y fue a dar a su hueco. Luisa a medida que nos encontrábamos follando, comenzó a gritar números. Uno, dos, tres, cuatro…..

Y así continuaba. Al pasar las yemas de mis dedos, por su esfínter, sentí que palpitaba ante la menor presión. De momento Luisa, se detuvo y sin tapujos me dijo.

Metemelo por el culo…..

Sin que se dijera más, se lo saqué de su peludo coño, coloqué sus piernas sobre mis hombros, y mi verga penetró por su culo, como “Pedro por su casa”. Desde mi posición la vista era espectacular, mis manos acariciaban sus senos, al tiempo que la enculaba con gran entusiasmo. Ella tomó una de mis manos y se la llevó a su coño, mis dedos penetraron entre sus labios, y se fueron hundiendo dentro de la espesa mata de pelos rubios. Luisa comenzó a gritar de placer, como hacía tiempo no lo escuchaba, esto me excitaba más todavía, nuevamente continuó contando a gritos.

Uno, dos, tres, cuatro……

De momento dejaba de gritar y decía.

Dame duro, que ahora este culo es todo tuyo, dale más, que lo quiero sentir dentro de mi…

Yo por mi parte, mientras mi mano prácticamente se desaparecía dentro de ella, y mi polla se clavaba dentro de sus nalgas, no pensaba en otra cosa, que no fuera Luisa. Así continuamos hasta que, lo que tenía que suceder sucedió, ella dio un grito, y a medida que mi semen atiborraba sus nalgas, los dos nos fuimos deteniendo, hasta que nos quedamos dormidos uno al lado del otro.

Debió haber pasado como una hora cuando los dos, nos despertamos, nos besamos nuevamente y nos colocamos la ropa. Por el camino fue poco lo que nos dijimos, ibamos tomados de las manos como un par de colegiales. Al llegar a la casa cada uno se dirigió a su respectiva habitación, en la sala se encontraba Jaime con una botella de cerveza entre sus manos. Minian salía de la cocina con su eterna bata casera.

Al salir de la habitación,  luego de vestirme, ya la mesa se encontraba puesta, a los pocos segundo hizo su aparición Luisa, se encontraba despampanante, vistiendo una ajustada blusa semi transparente, la cual poco dejaba a la imaginación, y una chulisima mini falda, la cual dejaba a la vista de todos los presentes sus bien hermosas y formadas nalgas. Los cuatro nos sentamos a cenar, durante la mayor parte de la cena no despegue mis ojos del cuerpo de Luisa. En una ocasión al principio de la cena se me safó el cuchillo de cortar carne de mi mano, al inclinarme a recogerlo, instintivamente mire hacía donde Luisa se encontraba y pude observar claramente que no estaba usando nada debajo de su mini falda. Mientras, Jaime y mi mujer se dedicaron a cotorrear, sobre una tonta novela de la TV. Ami se me estuvieron cayendo las cosas de las manos durante toda la cena. Terminada la cena, nos dirigimos al balcón frontal de la casa, Minian de inmediato nos abandonó, para dedicarse a lavar la vajilla, que usamos durante la cena. Jaime destapó una cerveza primero, y luego otra, y otra, hasta que llegó el momento en que se quedó totalmente dormido, sentado y con una botella de cerveza entre sus manos. Luisa y yo, hablamos algo de política, economía, de arte y otras cosas. Durante la nuestra charla en varias ocasiones realizábamos algún comentario, de lo bien que lo habíamos pasado en la orilla del rió, pero de forma que su marido no se diera cuenta, de la misma manera le propuse que pasáramos la noche juntos. Yo me la comía con los ojos, mientras que Luisa se acariciaba sus piernas sensualmente, subiendose la mini falda de manera disimulada, y mostrandome parte de su sexo. Después de un largo rato se incorporó Minian a la conversación, tan solo para despedirse ya que se iva acostar. Habría pasado como media hora, cuando Luisa me hizo señas con la mano de que esperará, se levantó y despertó a Jaime de forma brusca, este se levantó tambaleando, y se dirigió a su habitación, Luisa por su parte entró al baño. Yo me dirigí a mi cuarto, y al entrar pude escuchar los inconfundibles ronquidos de Minian, por experiencia yo sabía que pudiera pasar un terremoto, y ella continuaría durmiendo hasta que hubiera suficiente claridad o yo prendiera la luz, en ese momento se levantaría se dirigiría al baño para orinar y luego a la cocina a preparar desayuno, como una autómata. Por lo que cerré las cortinas de la habitación, después de desvestirme y ponerme una bata de baño. Al regresar a la sala, me estaba esperando Luisa, vestida únicamente con una bata, semi transparente de color negro, sus bellas formas se destacaban a tra vez de la clara tela, pero algo en ella había cambiado, se había depilado completamete su coño.

Los dos salimos al balcón tomados de la mano, la conduje a la parte trasera de la casa de campo, como a cincuenta metros yo había construida un pequeña piscina la cual decoré de forma que diera la impresión de que era un manantial, al llegar los dos por un largo rato nos besamos hasta que el calor de nuestros cuerpos nos hiso quitarnos la poca ropa que teníamos puesta, instintivamente busque con mi boca su vulva y ella con su boca mi verga, los dos nos lamimos, mamamos, chupamos, en fin nos hicimos de todo, hasta que decidí clavarla nuevamente por esa lampiña vulva que parecía la de una nena de doce o trece años. A medida que la penetraba Luisa comenzaba a contar nuevamente.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco…….. Y así sucesivamentemientras que yo continuaba clavandola con fuerza y ella movía con gran gusto sus caderas, pero de golpe paró y me dijo vuelvemelo a meter por de tras, no terminó de decirlo cuando ya se la había sacado de su húmeda vulva la tomé por las caderas levantandola hasta que su esfínter quedó frente a mi glande, y la volví a penetrar por su culo, en esta ocasión mis manos se posaron sobre sus soberbias tetas, y así los dos estuvimos hasta que ya no pude aguantar más y me volví a correr dentro de su culo. Una vez que nos separamos nos metimos en la pequeña piscina y nos continuamos acariciando y besando hasta que el sentido común nos hiso regresar a la casa.

Al día siguiente durante el desayuno, según lo habíamos acordado Luisa y yo en la madrugada le diríamos a nuestras respectivas parejas que nos pensábamos divorciar. Cuando yo en la mesa comencé a decir.

Hay algo, que Luisa y yo queremos…..

En eso, Jaime me interrumpió diciendo, Minian y yo nos queremos divorciar de ustedes…….

Al principio fue todo confusión, pero luego se aclaró, resulta que al estar los dos solos, se pusieron a conversar, y se dieron cuenta que eran el uno para el otro, les gustan las mismas novelas, él no practica ningún deporte ni Minian tampoco, los dos detestan el salir a caminar, él después de que hecha el primer y único polvo una vez al mes da la vuelta y se pone a dormir mientras que mi ex-mujer le basta y le sobra con que se lo hagan una vez al mes como mucho, en otras palabras son almas gemelas. Cuando yo tome al fin la palabra, se sorprendieron de lo rápido que tanto Luisa como yo estábamos de acuerdo con ellos.

Hoy en día Luisa y yo vivimos juntos, Jaime y Minian se casaron, Ester y José próximamente serán padres. Nuestra única preocupación si se puede llamar así va ser el explicarle a los nietos nuestra actual relación.

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