Un gran polvo en el confesionario


Unas vacaciones y un aburrimiento total pueden convertirse en una increible aventura en un confesionario. Polvo, morbo, exhibicionismo, nunca se sabe lo que te encontrarás.

Me había apuntado al Congreso de Marcas Lapidarias que se celebraba en Burgos, por cuyas calles ya llevaba vagabundeando algunos días entre cientos de turistas y autóctonos que preferían pasar sus vacaciones en su la ciudad.

El calor era sofocante, y las horas que nos esperaban dando vueltas a los edificios más vetustos de la noble y señorial capital burgalesa, estudiando sus piedras y las marcas que los canteros habían dejado en ellas , no me entusiasmaban en demasía y menos que aquel estirado jesuita de embarada voz me diese el tostón hora tras hora sobre lo signos lapidarios…

El calor hacía que las mujeres fueran lo que yo tomaba, como buen norteño, como medio desnudas y me enseñaran más de lo que yo había visto en toda mi vida en mi tierra, rubicundas nalgas europeas enseñando el perlé de las braguitas a la mínima, escotes ablondados que dejaban ver el dulce “cuenco del recuesto”, en fín que tenía el “tanganillo” a punto de explotar y lo más que había conseguido en tres semanas era que de vez en cuando la patrona de la pensión me la chupase.

Nada más llegar a la pensión, un hombretón barrigudo y mal afeitado me dio la habitación y las indicaciones pertinentes del baño compartido y el precio y que no se admitían señoritas…. ” A joder a la calle” me había dicho el muy cabrón sin embargo detrás de él corría una cuarentona un tanto ajamonada, que por entre el gautiné enseñaba a sus espaldas, yo creo que más de lo que su marido le permitía.

Llevaba unos días, y ya se sabe con eso del cambio de hábitos, con la barriga que no funcionaba bien, me metí pues en el baño un tanto apretado de retorcijones, y no cerré la puerta con el cerrojo, tras el alivio primero opté por no levantarme del WC y al agacharme un poco para hacer fuerza ví por detrás del lavabo una revista, saqué el papelorio y allí me encontré con un ejemplar de “Cartas Eróticas” las fotos no eran nada del otro mundo pero el texto tuvo la fortuna de reavivar mi fantasía y mi “nabo” que adquirió unas adorables proporciones que pronto empecé a pajear.

En ello estaba , con la revista apretándome los huevos, los ojos cerrados y dándole al bombín cuando sentí que un cálido líquido coronaba la cabeza de mi polla, y allí tenía a la patrona con la bata de boatiné desabrochada, y tal y como dios la trajo al mundo, acercando sus enormes tetazas a mi polla y masajeándome con ellas me llevó tras una larga chupada a una más que excelente corrida, lo más que pude hacerle a aquella arpía era sobarle le “fepuldo”, meterle si acaso un par de dedos hasta lo “jondo” y mamarle las tetas; argumentaba para no llegar a más, que si le alteraba el “ph” de su “chichi” su marido lo descubriría y tendrían la de dios es cristo, ósease que yo andaba lo que se dice “rabuco”.

El día de la lección de las marcas lapidarias opté por huir de la pelmísima lección y me refugié dentro de la catedral gótica, merodeé por las capillas e intenté buscar un ligue en aquella fresquita temperatura, pero un par de roces que intenté no tuvieron mucho resultado, salvo ponerme la polla como una longaniza baturra; En una zona del baptisterio en obras vi un antiquísimo confesionario del siglo XVIII, con una antesala de viejos rasos rojos, y allí me fui a descansar de tanto deambule y si de paso podía hacerme una paja, pues mejor que mejor.

Entré en aquella especie de vestidor y en la oscuridad de aquellas cortinas encontré otro cubículo donde el Sr. Cura se sentaba a oír confesión, me senté y era tal la sensación de placidez, calma e iluminación que medio me quedé dormido de cuyas ensoñaciones me sacó un:

– Ave Mª Purisima – alguien me había tomado por el confesor de turno, quise salir huyendo pero la beata de turno proseguía- Padre he pecado de nuevo y no he podido dejar de pasarme los dedos por la pepitilla, se que es pecado y que esto a mis cincuenta años de castida

d no está bien padre, pero recomiéndeme usted algo padre y sálveme de la perdición eterna.

– Nada hija, ni salvación ni leches, y déjese de tocar la pepitilla con una mano, y hágalo a dos manos, cuando ya esté como los pimientos morrones de colorada y salida, métase los dedos en el chumino y verá como su cuerpo y dios le enviará una sonrisa desde el cielo – oí un rebujo de ropas y un mentar algo entre dientes pero había logrado quitarme a la pelma, cuando iba a salir tarifando otra vez la misma cantinela

– Ave Mª Purísima, – Sin pecado concebida- Padre he pecado y no se contra que mandamiento, pues hace tres días que estando en la casa de campo de mi hermana, ví a un hermoso pollino con el instrumento en pleno desarrollo, luego a un perro atizarle a la sra., perra, tras lo cual dejó al aire un pedazo de “mandanga”; padre que no me lo he podido quitar de la cabeza, hasta tal punto ha llegado la perdición que me he comprado un “doberman” y padre le toco y hasta le ensalibado su instrumento, salvéme padre y deme su sabio consejo, como ya lo ha hecho otras veces-

Joder que aburrimiento esto de las confesiones, se parece más un cura a la tal Elena Francis que un intermediario de Dios – Querida hija lo que tiene que hacer es ponerle al perro un bozal y unos calcetines en la patas, se desnuda usted ante el perro y déjese hacer que a su edad le vendrá bien un limpiado de fondos y el perro se lo agradecerá y verá como él que es más listo que usted encontrará el hueco y la fórmula- lo cierto es que esta no salió de estampida sino que me dio las gracias y prometió tenerme al corriente, estaba claro que no iba a poder levantarme pues ya tenía otro cliente.

– Verá padre soy católico apostólico y postconciliar con 45 años-, este iba de pelma, pelma; me estaba adormilando con el murmullo que venía del entrerejillado cuando sentí que alguien se colaba en la antecámara de los cortinones, pensé en como salir de allí, pero pasaban los segundos y nadie entraba a la cámara de confesión, me atreví pues acercarme a las cortinas y allí tenía delante un bombón, una oriental de imprecisos años, y turgentes volúmnes al igual que mis cómics de manga, que se había refugiado allí para quitarse el apretado panty , cosa que hizo dejando al aire sus redondas nalgas, el pelma seguía con su perorata – Padre me acuso de pensamientos impuros y de mirarme en demasía el instrumento de procreación… me acuso de espiar a mi abuela cuando va al servicio…- la japonesita se abrió aún un poco más de piernas y abrió su body dejando ver entre la penumbra unos incipientes pelillos púbicos, mi polla tras lo que venía oyendo iba quedándose mustia, pero ante el paisaje que ahra se me ofrecía se reavivó en un santiamén.

La muy condenada cogió el panty y se lo pasó por los sobacos, luego por el “tetamen” , para lo cual desabrochó un poco ,más su blanca camisa, luego se lo llevó al dulce “chochito” y cuando ya creí que se iba a acabar todo, se lo llevó a su respingona nariz y olfateó con gusto y deleite aquellos olores íntimos, que debieron encender algún resorte, pues mientras olía aquellas prendas se iba masajeando la pepitilla a la vez que se recostaba en un lateral del confesionario, – el tonto del culo prosegúia, – Verá padre es que vez en cuando pienso en mi prima y la pilila se me pone tiesa, ya sabe usted, como la de un burro,- yo seguía atento a las evoluciones de la oriental que estaba a punto de dejarse desmayar de gusto, me armé de valor y por entre los cortinones, la atrapé por la cabeza, tapándole la boca, para que no gritara, a la vez que iba colocando mi polla en la canal de aquel dulce culito, en un principio se rebeló pero al sentir la polla, pronto se dejó caer hacía atrás y allí caímos en el amplio banco del confesionario, dejé su boca y busqué con las manos las peritas en dulce que eran sus tetas, ella misma abrió su camisa y levantó la faldita para que mi polla le entrara más y mejor en el aquél dulce culo que pronto me llevó a desparrarme de leche, sentir la leche correrle por los muslos, fue todo uno para que la cabrona se diera vuelta, cogiera mi dolorida polla y se sentándose encima de ella y poniendo las pies encima del banco, daba leves saltos que hacía que mi polla se hincara cada vez m

ás en el estrecho túnel de su chichi, que parecía estrecharse cada vez más, y así terminé jodiendo con aquella oriental , los dos allí babeándonos, y jadeando de placer entre suspiros y ayes de placer- el chupacirios debió darse cuenta de la movida y decía- así padre ensártesela y métale el nabo, está bueno eh padre, que padre ya destila la almeja….-lo cierto es que estabamos allí medios vestidos, corriéndonos a mansalva y perdidos de placer de la corrida que ya se hacía inminente cuando la luz se hizo en el recinto, la dulce japoneista se convirtió en una cuarentona de rasgos aniñados y volúmenes en el comienzo del declive.

La penunbra y mi fantasía me habían jugado una mala pasada, y allí aparecía un enorme cura con bonete incluido que nos sacaba a ambos a empellones del confesionario, – bastardos, luciferes, hijos de mala madre – la mujer le dio un fuerte pellizco en los cojones para abrirse paso, mientras salíamos entre los asistentes a la clase de signos lapidarios y el jesuita que quedaba pasmado.., como digo salí despavoridos, mientras oía al imbécil de la confesión llamar a su hermanita, la oriental.., y gritándome que me esperaban en las Huelgas Reales el Sábado para otra sesión y que se lo habían pasado de puta madre….

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