Mi jefa y sus ordenes


Esta historia que voy a relatar está basada en un hecho real. Soy enfermero, como sabéis la inmensa mayoría de mi profesión está compuesta por mujeres, y por ello la mayor parte de los mandos son asimismo mujeres. A lo largo de mis 15 años de carrera profesional he tenido diferentes jefas, me acuerdo de mis primeras supervisoras cuando era estudiante, o puedo recordar perfectamente el escote del pijama de una compañera rubia que dejaba ver, al no llevar nunca sujetador sus pechos, pequeños pero apetecibles, al agacharse para hacer las camas de las habitaciones en mis años de preparación.

En más de una ocasión me ha tocado compartir turno y jornada de trabajo con compañeras que estaban pero que muy apetecibles: Inma, María Antonia, Paquita, Pilar, Encarna, María, Montse… Han sido tantas que no puedo hacer memoria. Me hubiera encantado tener alguna aventura con cualquiera de ellas, ya que estoy convencido de que debían montárselo de maravilla. Más de una vez he soñado con que Inma me hacía una mamada de campeonato en la soledad del control de enfermería, hasta llegar a beberse todo mi semen. No puedo contar las veces que me he masturbado pensando en las grandes tetas de Encarna, ¡vaya tetas! grandes, redondas, soñando en chuparlas y llenarlas de leche. O follarme a María, que generalmente lleva ropa interior de color que destaca en la blancura del uniforme, sobre la camilla de la sala de exploraciones. Como podeis ver me mato a pajas pensando en mis compañeras, incluso he llegado a hacerlo en el propio hospital con alguna de ellas a escasos metros de distancia.

Por necesidades del servicio hemos tenido que acudir a cursos de reciclaje fuera de nuestra ciudad y siempre suele ir una representación del mismo. Con todos los gastos pagados nos desplazamos a estas reuniones de trabajo que generalmente suelen hacerse en lujosos hoteles -las empresas no escatiman gastos- y las comidas suelen ser copiosas y normalmente regadas con buenos caldos. Nunca pasó nada destacable, como mucho una sesión de ‘amor propio’ en la soledad de mi habitación, pensando en lo que sabeis o viendo alguna película X por la televisión. Hasta que una vez la reunión de marras tuvo lugar en Cáceres en un hotel pequeño pero confortable, las sesiones de trabajo fueron como siempre: tecnicas y poco amenas, es decir aburridas, después de cenar me retiré pronto a mi habitación para descansar puesto que al día siguiente tenía que presentar una serie de datos estadísticos muy concretos y quería estar bien despierto por la mañana para no cometer ningún error. Me desnudé y me di una ducha para relajarme y dormir bien, ya me había secado y estaba sentado en la cama y llevaba puesto solo un albornoz de esos que suele haber en los hoteles cuando llamaron a la puerta de mi habitación.

Yo no esperaba a nadie, y menos a esas horas, pero abrí la puerta, me sorprendió encontrarme al otro lado con mi jefa, una mujer morena de unos 45 años, de corta estatura y un buen par de pechos para ser sincero. Me dijo que quería hablar conmigo sobre el tema de los datos estadísticos que debía exponer al día siguiente. Visto el tema le dejé pasar dejándole ver la carpeta con mis folios bien preparados, se sentó en un sillón de la habitación cruzando descaradamente las piernas enfundadas en medias de seda negras. Empezó a hacerme observaciones profesionales acerca de los famosos datos, yo me fijaba más en sus enormes pechos que en lo que me decía. Creo que debió darse cuenta ya que pronto cambió la modulación de su voz pasando a ser más melosa e incluso amable. Yo aún seguía con mi albornoz puesto y poco a poco me estaba excitando viendo bambolearse sus pechos a cada movimiento, con lo que mi polla estaba aumentando de tamaño a cada minuto que pasaba, llegando a ser evidente incluso a través del albornoz. Tenía que pasar, ella se dió cuenta del bulto que tenía en la entrepierna, y casi sin dejarme decir nada, me dijo poniéndose de pié: ‘Te veo preocupado y algo nervioso por la presentación de mañana’ yo le contesté que no, y acto seguido acercándose aún más a mi me dijo: ‘voy a darte algo para esos nervios’.

Me deshizo el nudo del albornoz y lo abrió dejando al decubierto mi aparato totalmente armado, aún puedo ver como le brillaron los ojos antes de acariciarlo suavemente con su mano derecha mientras se agachaba para empezar a chupármelo como una auténtica fiera. Yo le agarré del cabello, aproximándola a mi a cada bombeo, metiéndole toda mi polla en la boca.

Me estaba poniendo a cien, pero no quería dejar pasar la oportunidad de ver esos maravillosos pechos, por lo que empecé a desabrocharle la blusa, dejó de comérmela para ponerse de pié, para quitarse ceremoniosamente el sujetador. ¡Dios mío! sin sujetador aún eran más enormes, con unos pezones oscuros y duros, muy duros, no podía abarcar un pecho con la mano, empecé a chuparle un pezón y podía escuchar como gemía de gusto mientras le mordisqueaba. Yo estaba cada vez más cachondo me lo estaba montando con mi jefa y aún no habías como aquel que dice empezado. De pronto me apartó la cabeza de entre sus pechos y volvió a comerme la polla, la tenía durísima y el glande estaba casi morado, me la trabajaba como si fuera una profesional. Se paró y me dijo: ‘Vas a correrte para mi, y como yo quiera’, que podía decirle, es mi jefa, órdenes son órdenes. ‘Quiero toda la leche en mi boca’ volviendo a comérsela, bombeándomela mientras me acariciaba bestialmente los huevos, mi polla entraba y salía de su boca, me la lamía, me la mordía suavemente, me la meneaba, yo estaba a punto, muy a punto.

Yo estaba a punto de correrme, y se lo dije, entonces aún me lo hizo mejor, hasta que empezó a salir mi semen a borbotones de mi polla llenándole la boca, escurriéndole por la comisura de los labios, tragándose el resto. Fue genial, me corrí como hacía tiempo que no lo hacía, en la boca de ella, que se levantó, momento que aproveché para ver esos pechos magníficos, se puso la blusa sin sujetador, recogió su bolso y se despidió diciéndome: ‘Ahora descansa que mañana tienes que trabajar’, anduvo hasta la puerta y se fue. Me costó conciliar el sueño, pensando en lo que había pasado, pero al final caí.

Al día siguiente yo estaba en el atril de los ponentes y ella sentada entre el público, cuando se cruzaron nuestras miradas me pareció ver como se acariciaba los pechos, tal vez también ella recordaba lo sucedido en mi habitación, ya os contaré más en otra ocasión si es que continúa mi buena “relación” con mi jefa.

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