Tu putita


Aquel viernes estaba preparado para disfrutar y descansar solo en casa tras una semana agotadora aprovechando que mi novia Sara (27 años) salía a cenar y de marcha con unas amigas.

Me despedí de ella hasta el día siguiente, ya que se iban a las fiestas del pueblo de una amiga, situado a unos 60 Km, y su amiga las llevaría y traería de vuelta.

Cené pizza, vi una película que a mi novia no le hacía ganas ver y me quedé dormido en el sofá. De repente, un sonido me despertó. Era el teléfono, y mi novia me estaba llamando. Le pregunté si pasaba algo. Mientras ella me explicaba que su amiga la del coche había desaparecido con un ligue y las había dejado tiradas miré el reloj del comedor y pude ver que eran las 06:00 de la madrugada.

Mi novia me pidió por favor que las fuera a buscar, que ya me compensaría, que lo sentía mucho.

Sin rechistar, me fui a buscarlas. Una hora más tarde, las conseguí encontrar en la plaza del pueblo medio dormidas y bastante borrachas.

Durante el regreso Sara y su amiga durmieron. Dejé a la amiga en su casa, y ya pasadas las 8 de la mañana llegamos a la nuestra. Acosté a mi novia, y yo no me pude dormir, así que me puse a jugar a la consola.

Al día siguiente mi novia no paraba de pedirme perdón y me dijo que le pidiera lo que quisiera. Le dije que no era necesario y ella me dijo “¿y si el finde que viene soy tu putita? Cuando lo hacemos me lo pides muchas veces. ¿Qué me dices. ¡Seré tu putita!”. Accedí y no le di mayor importancia, pensando que quizás el fin de semana siguiente, si hacíamos el amor, ella le pondría algo más de emoción al asunto.

* * *

Al viernes siguiente, me encontraba concentrado en la oficina cuando me despistó oír a un compañero cercano soltar la interjección “¡joder!”. Me giré hacia donde él miraba y pude ver a una chica que se acercaba a mí. “¡Qué pibón!”, me dijo mi compañero.

Era una chica de 1.70, pelo largo y oscuro, delgada, no mucho pecho pero resaltado por top rosa anudado al cuello que dejaba ver su vientre plano. La escena la coronaba una minifalda estampada y vaporosa y unos tacones que le daban un aire de femme fatale.

Lo mejor de todo aquello, es que se trataba de mi novia Sara.

LUIS (yo): ¡hola cariño, qué sorpresa!

SARA: hola mi amor – me dio un sonoro pico. – Te he traído un tupper con comida, que hoy no te habías traído nada.

LUIS: jo, gracias ¡eres la mejor! ¿Te invito a un café?

SARA: ¡vale!

Nos fuimos a un bar cercano. Antes de irme eché una miradita a mi pasmado compañero y le guiñé un ojo.

* * *

En el bar, Sara se subió a una silla de la barra cruzando sus hermosas piernas. La minifalda se le subió inevitablemente, dejando a la vista casi casi su ropa interior.

LUIS: ¡estás muy guapa cariño!

SARA: ¡gracias! ¿Qué te parece si esta noche nos vamos a cenar un restaurante que me han recomendado? ¿Reservo?

LUIS: ¡vale!

Al rato nos fuimos del bar y mientras lo hacíamos, mire alrededor y me fijé que muchos tíos no quitaban ojo de mi chica.

* * *

La cena transcurrió sin más incidentes que los causados por cómo iba vestida Sara. Mi novia lucía una mini falda aún más corta y vaporosa que la de la mañana, y un top negro con lentejuelas muy escotado. Se podía ver parte de su sujetador, seguramente con relleno, que juntaba sus dos pequeños pechos haciendo un precioso y sexy canalillo. Estaba buenísima.

Al final de la cena, Sara me insistió en ir a una Macro Discoteca cercana, bastante popular entre los turistas. Siempre me he negado a ir porque no me gusta la música, pero esta vez, animado por el vino, acepté.

Me dolió el coste de la entrada, pero una vez dentro me quedé flipando. El sitio está lleno hasta la bandera, todo y que el lugar era enorme. La gente iba muy bien vestida, y más de una vez la vista se me fue a alguna chica tremendamente sexy. Mi novia, tal y como iba vestida, pegaba en aquel lugar. Seguro que lo había planeado todo desde el principio.

Mi chica no perdió el tiempo en gastar la consumición, y nos fuimos a bailar. Sara se movía de forma muy sexy. En un momento dado, se subió a una plataforma, y bailó sola ante los piropos de los chicos cercanos, que le decían todo tipo de guarradas mientras que ella se contoneaba y acariciaba el cuerpo al ritmo de la música. Cuando se bajó, la besé con pasión y le dije que no aguantaba más y que estaba deseando follarla. Ella me sonrió, y me tocó el paquete, que se puso duro como una viga de acero al momento.

SARA: ¿y por qué no me follas? – me dijo sensualmente. Tras estas palabras pasó la punta de su lengua por mis labios de forma provocativa.

LUIS: ¡vamos al baño y verás!

Abriéndonos pasos entre el gentío, llegamos a los baños, en los que afortunadamente no había cola para entrar. Totalmente salido, me metí en el baño de caballeros con mi chica detrás. Sin hacer caso a las protestas de los chicos que había en el servicio, nos metimos en un urinario  empezamos a besarnos con pasión. Iba tan salido que ni si quiera me molesté en cerrar la puerta.

Sara me tenía abrazado por el cuello y nos besábamos como adolescentes. Mis manos se deslizaron con nerviosismo desde su espalda hasta sus tetas, y su culo.

Al sobarle su culito pequeño y redondito, le levanté la falda, y al oír el jolgorio cercano me di cuenta que un puñado de tíos se habían amontonado en la puerta del baño y seguían con atención nuestra pasión. Sara me susurró que “sería mi putita”, tal y como me había prometido, y que “haría todo lo que yo quisiese sin restricciones”.

Tras estas palabras, llevó su mano a mi paquete y empezó a masajeármelo. Sin importarme nada, me saqué la polla al aire y ella empezó a pajearme. La gente gritaba animándonos a hacer más cerdadas. De repente, de reojo vi como la muchedumbre se echaba a un lado, y dos tíos con aspecto de matón (uno latino y otro negro) se acercaron.

NEGRO: arreglen sus ropas y acompáñenos por favor.

Aquella educación distaba de lo que cabría esperar de un matón de discoteca, así que mi novia y yo les seguimos bajo los abucheos de la gente del baño de caballeros.

* * *

Los dos hombres de seguridad nos acompañaron, el negro delante y el otro detrás nuestro hasta una puerta en la que había un cartel de “privado”.  En una pequeña sala de espera llena de cajas nos explicaron que no podíamos hacer lo que habíamos hecho, y que la discoteca tenía un prestigio. Nos disculpamos, y nos pidieron que les acompañáramos a ver al dueño.

Me imaginaba que  iríamos hasta algún despacho cochambroso y descuidado. Ante mi sorpresa nos dirigimos a un ascensor y una vez dentro descendimos. El negro se quedó mirando el escote de mi novia, y después le sonrió sin decir nada.

Bajamos del ascensor y avanzamos por un pasillo cubierto con una elegante alfombra y grandes cuadros a los lados. Al final del mismo, el latino entró dejándonos solos con el negro.

NEGRO: no os preocupéis, no os pasará nada.

La puerta se volvió a abrir, y entramos a un amplio despacho ricamente decorado. Tras un gran escritorio se sentaba un hombre de unos cincuenta y pico años, vestido de marca y con el rostro serio. En un sofá cercano, dos hombres de la misma edad y con pinta de tener pasta sostenían grandes copas de licor en la mano.

El hombre del escritorio se presentó como “Gabriel, el dueño de todo esto”. Nos explicó las graves consecuencias de lo que habíamos hecho, cómo podría dañar la imagen de la discoteca. También nos asustó diciéndonos que estaba en todo el derecho de llamar a la policía, y que si no lo había hecho antes, era porque él se consideraba un hombre razonable, y que antes quería dialogar.

Nos disculpamos y nos excusamos con el calentón que teníamos, pero él negó con la cabeza.

GABRIEL: eso no me sirve. Además, más calentón debéis de tener ahora que no habéis terminado lo que hacíais. Walter, Nico, retiraros por favor. – Los dos porteros de discoteca se fueron.

SARA: por favor, por favor, no llame a la policía. Le contaré la verdad: le hice una propuesta a mi novio de que sería su putita este fin de semana, y creo que se nos fue de las manos.

GABRIEL: ¿su putita, eh?

SARA: sí. Todo es culpa mía. Esta mañana ya he ido al trabajo de mi novio vestida provocativa para calentarle. En la cena le he enseñado el escote todo lo que he podido, y tras mis bailes sexy en la pista de baile, mi chico ya no ha aguantado más.

GABRIEL: entiendo. ¿Y sabes qué?, con todo lo que nos has contado, aquí mis socios y yo no somos de piedra.

LUIS: cariño – intervine yo – Ahora me doy cuenta de todo. Ya que te comprometiste a ser mi putita, tendremos que salir de esta siendo tú mi putita.

SARA: ¿y qué quieres, que me folle a todos estos?

GABRIEL: ja ja ja. No es mala idea. Además, podría compensaros con un pase VIP, si no volvéis a montároslo en mi discoteca.

Mi chica me miró y envalentonada dijo:

SARA: si tengo que ser una putita, a parte de eso quiero también 300 euros.

El hombre se rio a carcajadas. Hizo una llamada para que prepararan dos pases VIP y sacó algo de un cajón.

GABRIEL: toma guapa, 500 euros si empiezas ahora mismo siendo una buena putita y sin cortarte de hacer nada.

Nosotros nos quedamos flipando, pero mi chica se recompuso en seguida.

* * *

Sara cogió los 500 euros, se los metió en el bolso, y sin decir nada, bordeó el escritorio de Gabriel, y echó su silla hacia atrás.  Ágilmente pasó sus piernas a los lados del hombre y se sentó frente a él. El hombre le miró sonriendo de oreja a oreja y Sara cogió su cabeza por la nuca y le besó en los labios lentamente.

Sara contoneaba su culito lentamente. Debía de tener a aquel hombre maduro bien cachondo. Le desabrochó la camisa con parsimonia y se la quitó. Acarició los peludos pezones de aquel señor y los besó con la lengua. Con suavidad, cogió al hombre por la nuca, y guio su cabeza hasta su canalillo. El hombre empezó a chupárselo y a estrujarle las tetitas.  Ahora Sara se contoneaba sobre su montura con más efusividad.

Vi bajar la mano de Sara y acariciar el paquete del hombre por encima de la ropa. Gabriel le hizo levantarse, y se sacó una pequeña y gorda polla al aire. Mi novia le masturbó rápidamente mientras él le comía la boca con pasión.

GABRIEL: chico ¿no te importa que me la coma mi novia?

LUIS: ¡no! ¡ya verá cómo la chupa! – el hombre soltó una carcajada que se interrumpió al momento cuando Sara se lanzó hacia su miembro.

Sin darle tiempo a reaccionar, se arrodilló, agarró aquella polla erecta con una mano y se la chupó rápidamente. El hombre se puso de pies sin que mi novia dejara de mamársela.

GABRIEL: ¡chicos, mirad que bien la chupa!

Pudimos apreciar que mi novia lo estaba danto todo. Se la sacó de la boca, y chupándola de un lado sin dejar de masturbarle nos miró a todos desafiante.

El dueño le pidió que parara, y cogiéndola de la mano, la guio hasta ancho sofá donde estaban sus dos socios.

GABRIEL: ¿pensabais que me había olvidado de vosotros? ¡disfrutad de ella!

El hombre ayudó a que Sara se sentara en el sofá entre aquellos dos señores.  Se presentaron como Claudio y Víctor.

Mientras Gabriel me ofrecía una copa y nos sentábamos en un sofá próximo, oí a mi chica decirles: “¿sólo vais a mirarme o no os gusto?”.

Al momento, ambos reaccionaron. Víctor le acarició las suaves piernas lentamente, mientras que Claudio lanzó sus grandes manos hasta sus tetitas.

Víctor cada vez rozaba más la entrepierna de mi chica, y desde mi posición podía ver claramente su tanga. Los roces aumentaron, y Víctor empezó a masturbar a mi chica por encima del tanga cada vez más rápido. Ella gemía y Claudio la besaba cuando podía sin dejar de tocarle las tetas.

Mi chica le pidió que parase, y se arrodilló frente al sofá. Los dos hombres se desnudaron completamente con rapidez. Mi chica les dijo que se sentaran lo más juntos posible. Tras sonreírles, agarró sus pollas, y masturbándolas a la vez, empezó a chupar la de Víctor sin dejar de mirarle a la cara.  De vez en cuando se la sacaba de la boca y les masturbaba más rápido. Alternó a la polla de Claudio siguiendo el mismo proceso. Aquellos dos hombres veían claramente las tetas de mi chica por el hueco que formaba su canalillo.

Gabriel les pidió que pararan un momento.

GABRIEL: ¿por qué no te desnudas para que veamos lo buena que estás?

SARA: sólo quedamos en que os follaría, nada de desnudarme…

GABRIEL: qué putilla estás hecha – tras lo cual le lanzó un billete de 100 euros al suelo.

Sara se puso en pie, y empezó a bailar sensualmente.

GABRIEL: si tuvieras más tetas te podría contratar como Gogó.

SARA: si tuvieras más dinero te podría contratar como mi chulo.

Todos nos reímos por aquel cruce de palabras y mi novia continuó su baile sensual.

Gabriel llamó por su pinganillo a Walter, y el negro entró impasible y puso música.

Se sentó en una silla aparte viendo cómo mi novia se contoneaba al son de la música desnudándose lentamente.  Se quedó en tanga, y de forma desafiante se dirigió hasta el escritorio de Gabriel. Se subió encima tumbándose boca arriba con las piernas abiertas.

Los tres señores se acercaron como buitres a la mesa, al tiempo que Gabriel se desnudaba.

Manos de dueños indescifrables recorrían los pequeños y erguidos pechos de Sara mientras Gabriel le quitaba el tanga y empezaba a comerle el coño.

GABRIEL: mmm, que depiladito y durito. Parece el de una adolescente.

SARA: mmm, pues cómemelo bien Tío Gabriel.

Los otros dos hombres se colocaron a los lados de la mesa y Sara le fue chupando las pollas de forma alternativa.

Mi novia pegó un fuerte gemido, y pude apreciar que Gabriel se la había metido y estaba empezando a follársela. El hombre la embestía con energía poniendo una expresión animal en el rostro. Claudio se subió a la mesa, y se colocó sobre Sara, como si fuera a hacer un 69. El hombre le metió la polla en la boca, y con la fuerza de sus caderas, empezó  follársela.

Casado, Claudio se bajó y se puso al lado de Víctor. Sara juntó ambas pollas y se metió sus puntas en la boca.

VÍCTOR: me toca.

Sara se bajó de la mesa, y apoyó con los brazos en la misma. Sin miramientos, Víctor se la metió y empezó a follarla.

Sus pequeños pechos saltaban mientras Sara hacía disfrutar a los otros dos hombres con sus mamadas.

Gabriel se fue tumbó boca arriba en el sofá y llamó a Sara para que le follara. Mi chica fue obediente, y empezó a cabalgarle pegando su cuerpo al del hombre. Los otros hombres se masturbaban con rapidez .

Sara incorporó, y le cabalgó como una amazona. Víctor que se masturbaba muy rápido, acercó su polla a su cara, y soltó lentos chorros de semen que cayeron por las mejillas de Sara.

Claudio, sin esperar a que su amigo terminase, colocó su polla frente a los labios de mi chica, y soltó fuertes chorrazos que cruzaron la cara de Sara.

Gabriel le pidió que se levantase. Colocó su pequeño pene en la boca de mi chica, se la metió, y por sus gritos empezó a correrse dentro de su boca. La cara , barbilla y cuello de mi chica estaban totalmente encharcados de líquido seminal.

SARA: ¿Cariño, he sido suficientemente putita?

LUIS: no… ahora me toca a mí.

Me quité los pantalones y  calzoncillos y me lancé sobre mi chica. Se la metí de un golpe. Su interior era un volcán. No le pude besar porque su rostro era una máscara de semen.

La follé con fuerza y me corrí dentro de ella.

Todos nos limpiamos por turnos en un baño que tenía el despacho.

Gabriel nos dio las dos tarjetas VIP y nos dijo que ahora no teníamos escusa para volver.

GABRIEL: y ya sabéis, antes de hacerlo dentro de mi discoteca, venid a verme y pondremos remedio a vuestro calentón. Ja, ja, ja.

FIN

Una respuesta a “Tu putita

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s