La conoci por internet


La conocí por Internet. Era una de esas direcciones que manda la gente con los correos y que no se molesta en borrar, me llamó la atención, por ser el nombre de una chica, normalmente no hago caso, aunque en esta ocasión me vino muy bien, me añadió como amigo a una de esas redes y la curiosidad me obligó a ver quien era y la verdad, que me dejó helado.

Es una preciosa chica pelirroja, con el pelo largo, con unas piernas de miedo, en la foto de la red, estaba sentada en el marco de la ventana y se adivinaba alta, muy alta, una cara preciosa, más tarde pude apreciar unas ligeras pecas por su rostro angelical, vamos que perdí el habla durante un rato, la primera vez que chateamos, fueron saludos, yo me llamo Ventura, yo Esther y poco más, luego, con el tiempo la cosa se fue calentando y no se como llegamos al cibersexo, pero eso no nos bastaba, así que finalmente fijamos una fecha para vernos en Madrid, cada uno buscó su cuartada y nos citamos.

La esperé de mañana en la estación de tren y nada más ver la maravillosa mata de pelo rojo que salía por la portezuela del vagón, sentí dos golpes uno en el estómago y otro en la polla, llegaba con unos vaqueros azules, ajustaditos para marcar y una camiseta blanca, la cazadora en la mano y el bolso en la otra, era al primera vez que nos veíamos en persona.

Yo por aquel entonces, medía y sigo midiendo, 1’83 y pesaba 85 kilos, ahora son alguno más, yo no sabía como saludar y ella tomó la iniciativa, me dio un pico y sonrió, buffff, que sonrisa, unos dientes blancos perfectos y una boca mmmmmm. Ambos sabíamos para que habíamos quedado y no nos demoramos mucho, subimos a un taxi, para ir al hotel y por el camino nos dimos la mano y nos comimos a besos, como si fuéramos unos novios y lleváramos mucho sin vernos.

En el hotel la recepcionista, muy amable, nos indicó si queríamos que nos avisaran a alguna hora o si preferíamos comer en la habitación, yo creo que se me notaba mucho el calentón, aunque mi acompañante no se quedaba atrás, con una sonrisa dijimos que nos dejaríamos llevar y si necesitábamos algo, ya llamaríamos.

No llegamos ni a la puerta y ya estábamos besándonos y acariciándonos, yo no podía más, la tiré sobre la cama y empecé a quitarle su camiseta, dejando su sujetador blanco, mordí cada trozo de piel y saqué sus pechos por encima del sujetador, jugué con sus pezones, mordisqueando, chupando, succionando y ella se dejaba llevar, fui bajando por su ombligo y mientras, desataba su pantalón para dejar al descubierto unas braguitas blancas de algodón.

Con más besos y mordiscos llegué a sus pies, me los recorrí enteros con la lengua, mientras ella, no paraba se suspirar, me pedía que parara “que tengo cosquillas”, “no, no pares que me gusta”, de nuevo fui subiendo, retiré un poco las braguitas y dejé al descubierto un precioso coñito, con una mata de pelo rojizo, que me encantó besar, sus labios se habrían dejando ver una clítoris hinchado y esa era mi ocasión, con los dientes y la lengua, empecé a masajearlo, mientras poco a poco mis dedos entraban en su interior, repartiendo sus jugos…

Notaba como cada vez se ponía más tensa y los suspiros subían de tono, por lo que empecé a masajear su ano y meter un poco la punta del dedo, era la primera impresión y quería saber hasta donde me dejaría llegar, cuando noté que estaba a punto para correrse, metí toda la artillería, mi lengua, mis dedos en su coño y su culo, todo a la vez, me agarró del pelo y se encorvó totalmente, antes de soltar un gritito y dejarse caer de golpe con unos temblores, que no sabía si asustarme o seguir con mis trabajos, me pidió que parara, por lo que busqué su boca y nos besamos intercambiando saliva y jugos, me dijo “voy a vengarme”

Se quitó el sujetador y las braguitas, quedando totalmente desnuda frente a mi, se acarició los pechos y se besaba sus dedos, poco a poco me retiró la camisa, y se dedicó a mis pezones, fue bajándome el pantalón y cuando me di cuenta estaba chupándome la polla, con las manos me acariciaba el pecho, me obligó a tumbarme en la cama, con la almohada bajo los riñones, con la sábana me “ató” suavemente las manos y dijo “no puedes tocarme” y de nuevo con la boca empezó a darme placer.

Sus dedos recorrían rápidamente mis genitales y mi pecho, pensé que tenía más de tres manos, cuando le avisé de que necesitaba correrme, me dio una especie de pellizco entre los huevos y el culo, a la vez que succionaba de golpe, creí que me moría, nunca me habían exprimido de esa manera, su dedo estaba dentro de mi culo, yo creo que hacía fuerza por dentro de mi polla, no se, la sensación era nueva y espectacular.

Comencé a eyacular y no pude aguantar, mientras ella seguía jugando con la lengua por mi miembro, la cogí del pelo y la atraje a mi boca, necesitaba besarla y hacerla saber que había sido mi mejor orgasmo en mucho tiempo, tras unos besos, empezamos de nuevo a jugar, necesitaba entrar dentro de ella, me puse el condón y cambiamos de postura, quería tenerla toda para mi, la puse sobre la misma almohada que ella usó conmigo y empecé a penetrarla, poco a poco…

Mi posición era ventajosa, pues su cadera quedaba ligeramente alzada y la penetración era más profunda, estuvimos un buen rato manteniendo el ritmo, pero ella quería mandar y terminamos cambiando, quedando ella encima de mí, de esa forma pudo controlar la profundidad y la velocidad de las embestidas, yo creo que se corrió varias veces, pues de pronto cerraba los ojos, mordía sus labios y me clavaba las uñas.

En una de esas, volví con mi juego de dedos sobre su culito, y cuando pensé que llegaba al orgasmo, metí primero uno y luego dos dedos, se derrumbó sobre mi pecho con unos espasmos parecidos a los del cunnilingus, me pidió un ratito de descanso y entre caricias la dije que me faltaba poco, que no me dejara con las ganas.

Intentó bajar para hacérmelo con la boca y suavemente le di la vuelta, ella entendió a la primera, pero me pidió que fuera despacio que no tenía costumbre de ser penetrada por el culo.

Se colocó en cuclillas arriba mío, con sus jugos a modo de lubricante, fui metiendo la polla en su culito, primero el glande y una parada para que se acostumbrara, luego fui entrando dentro de ella, una vez toda dentro, comencé con los movimientos, en vez de ser solo mete y saca, hacía pequeños circulitos, con lo que se fue relajando y disfrutando.

Con mi mano así sus cabellos y levanté su cara, quería ver sus claros ojos mirándome y con la otra mano busqué su clítoris, aunque ya estaba ocupado por sus dedos, que realizaban un masaje profundo sobre su zona erógena,  de nuevo me di el capricho de avisarle que llegaba al orgasmo y de nuevo sentí su mano entre mis pelotas y mi culo.

No sé como no se rompía con esos movimientos, lo que si se que me corrí con todas mis ganas y cada empujón que yo daba era respondido con un estrechamiento del ano, pensé que no podría sacarla del interior. Quedamos totalmente exhaustos sobre la cama, nos abrazamos y besamos, sabíamos que nos quedaba mucho tiempo para seguir disfrutando uno del otro.

Saludos

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