Perversa SIIII


Despues de que mi perro me comiera el coño, llego mi novio para terminar… Hace ya casi un año, una tarde que estaba bastante aburrida, se me ocurrió entrar a un chat para entretenerme un poco. Y tengo que decir que es la idea más maravillosa que he tenido nunca, porque allí conocí a mi novio, Darío. Tampoco hace falta que diga que lo quiero mas que a nadie en el mundo y que es lo mas bonito que me ha pasado nunca porque el ya lo sabe y además no es el tema del relato. Llevábamos viviendo juntos una temporada, y yo ya estaba embarazada de 8 meses, no hace falta que mencione que era un niño muy querido y deseado por los dos. Teníamos un pisito y un perro, nada espectacular pero para nosotros suficiente. Una tarde, estaba tumbada en la cama aunque sin poder dormir. Lo cierto es que estaba bastante aburrida. Y cuando yo me aburro, soy muy peligrosa. Ví pasar a Darío por la puerta del dormitorio y lo llamé. Sólo le dije: – Cariño, me aburro… Él me sonrió, me llamó pervertida, se acercó y colocó su cabeza entre mis piernas. Nunca he encontrado, ni encontraré, a nadie que coma el coño mejor que mi novio, con tanta ternura, pasión y, por supuesto, habilidad. Cuando ya me tenía casi a punto, sonó su móvil. – Cariño, espera, no lo cojas – conseguí articular yo entre gemidos-. Pero él ya se había levantado porque, según me dijo, esperaba una llamada importante del trabajo. Mientras él hablaba, yo me quedé esperándole con las piernas abiertas, cuando oí que por el pasillo se acercaba Rocco, nuestro perro, un dogo alemán de impresionante estampa. Ni me molesté en moverme, pero cuando el perro se acercó y empezó a olfatear mi entrepierna quise apartarlo, nerviosa, pero el tamaño y la insistencia del perro, sumado a mi limitada movilidad por el embarazo, hicieron que no me quedara más remedio que esperar a que volviera mi novio y lo apartase. Pero el perro se emocionó, supongo que por el olor de mi coño cargado de feromonas y empezó a lamer. No voy a decir que me gustaba más que cuando me comía el coño mi novio (no hay nada que me guste más) pero no era una sensación desagradable y la verdad, dejó de molestarme que Rocco estuviese ahí. En ese momento oí: – Pero qué coño haces? Giré la cabeza hacia la puerta y vi a mi novio que me miraba sorprendido. – Nada cariño, el perro salido este, que ha venido y se ha puesto a lamer y no puedo apartarlo – dije yo-. – Serás puta, pero cómo que no puedes, lo que pasa es que no quieres, zorra, pero si lo haces hazlo bien. Se fue a la cocina y regresó con un tarro de mermelada. Apartó al perro con dificultad y me untó todo el coño con la dichosa mermelada. Y entonces el perro sí se aplicó con ganas. Empezó a pegarme unos lametones tremendos de arriba abajo, en mi clítoris, en la entrada de mi vagina y en el agujerito de mi culo. Mientras tanto, Darío miraba y me chupaba los pezones, succionando mi leche materna, espesa, que notaba como succionaba desde mi alma para que la bebiese a la vez que, él, se masturbaba. Cuando más emocionados estábamos, llamaron al timbre. Después de blasfemar un poco, Darío se levantó, se puso una bata y fue a abrir. Yo oí las voces pero lo cierto es que no presté mucha atención porque Rocco me tenía bastante entretenida con esa lengua del demonio llevándome de forma imparable al éxtasis y consiguiendo que mi coño fuese un manantial de flujo continuo. Cuando noté que las voces se apagaban, volví la cabeza hacia la puerta, y ví a Darío acompañado del hijo de nuestra vecina, Álex, que tendría unos 15 años, a pesar de que a simple vista aparentaba menos edad por el poco desarrollo de su cuerpecito y su poca estatura. Al principio puso cara de susto, pero no hizo ningún esfuerzo por marcharse porque supongo que la visión de un perro comiéndole el coño a una embarazada debe ser, cuanto menos, curiosa. Así que Darío le dijo: – Si te gusta no te hagas el estrecho, puedes sacarte la polla y hacerte una paja. Al chico le faltó tiempo, con lo tímido que parecía cuando nos lo cruzábamos en la escalera, y empezó a me neársela con muchas ganas mientras yo seguía gimiendo con los lametones que Rocco me estaba prodigando en su afán por limpiar mi coñito de la mermelada, y notar esa lengua enorme y rasposa frotándose contra mi clítoris y mis labios vaginales de esa forma tan salvaje me estaba poniendo a morir. Poco a poco, Darío fue empujando a Álex hacia la cama, y cuando me quise dar cuenta, tenía a mi novio y al vecinito mamando cada uno de un pezón mi leche, como dos bebés, muy suave, mientras sus manos se dedicaban a acariciar mi enorme y suave barriguita, y el perro seguía dándose un festín en mi entrepierna, ya prácticamente limpia de la mermelada y encharcada de mis fluidos. Al cabo de unos minutos el perro se cansó y se fue igual que había venido, relamiéndose de felicidad. Darío dijo: – Mira Álex, no te gustaría ocupar el lugar de Rocco? Al principio dudó un poco, pero enseguida se decidió. Se colocó delante de mi coño y empezó a chupar, pero como era de esperar, no sabía hacerlo. – Mi vida, tendrás que darle unas lecciones de cómo se come un coño, porque el pobre no tiene ni idea. Entonces mi novio se arrodilló con él delante de mí y empezó a comérmelo mientras le hacía comentarios en voz baja. Supe que Darío se estaba esmerando en enseñarle a Álex, por que se dedicó a estimular todos mis puntos más sensibles. Comenzó a pasar la punta de su lengua por el interior de mi muslo derecho, mientras Álex hacia lo propio en mi muslo izquierdo, avanzando ambos hacia mi palpitante y húmedo coño. Después sus lenguas se dedicaron a rozar alternativamente mis labios mayores, el derecho y el izquierdo, para terminar sintiendo como dos lenguas se disputaban mi clítoris, que ya notaba duro y enhiesto como pocas veces. No pude ni quise evitar correrme. Pero esto no acabó así, ya que sin saber muy bien que ocurría ahí abajo, pues mi barriga me impedía ver que pasaba, comencé a notar que volvían al ataque, si bien ahora en dos frentes, uno se dedicaba a mi coño, y otro a mi culo. La lengua que tenía en el coño daba lametones arriba y abajo, luego pasaba a los toquecitos suaves y rápidos sobre mi clítoris y luego se metía en mi coño, follándolo como si fuera una polla, y creí distinguir a Álex ya que a pesar de esmerarse, todavía le faltaba práctica, pero el crío apuntaba maneras de buen comecoños. El que me comía el culo, hacía dibujos con la punta de la lengua sobre mi agujero, la metía y la sacaba suave pero firmemente. Yo no podía más, gritaba como una posesa, ya me había corrido un par de veces, la última de forma muy intensa, cuando vi levantarse a Darío, quien por señas me indicó que sujetase los brazos de Álex mientras seguía con la cabeza entre mis piernas. Se colocó detrás de él, y empezó a comerle el culo al vecinito, que pareció disfrutar del momento sin intuir que era lo próximo que sucedería. Una vez que Darío se sintió satisfecho de la lubricación, me miró a los ojos y pasó intentar metérsela por el culo. Al principio Álex no quería, se quejaba e intentaba separarse, aunque con pocas ganas, para, al poco rato, disfrutar con la polla de mi novio y comerme el coño como 1 bestia, e incluso metiéndome un par de dedos por el culo sin que nadie se lo hubiese pedido. – Mira cariño, mira como tiene de dura la polla el maricón este mientras le doy por el culo. Lo aparté de mi coño y me dediqué a mirar cómo se lo follaba, y vaya si el cabrón de mi novio estaba disfrutando del vecinito. Se lo veía follárselo con ganas, primero se la metía lentamente, un par de minutos, para acto seguido darle duro y muy rápido, mientras Alex gemía como 1 nena cada vez que los huevos de Darío llegaban a sus nalgas, consiguiendo en poco tiempo que el chaval llegase al orgasmo pringándome las sabanas de la cama, pero ni esto les hizo separarse y prestarme atención. Cuando me aburrí, pensé que ya era hora de empezar en serio. Fui al armario y saqué un arnés negro, nuestro arnés. Me lo puse mientras ellos dos seguían en faena, y ninguno se dio cuenta de lo que hacía, los muy maricones se habían olvidado de mi, y eso iban a pagarlo caro. Después de lubricarlo con vaselina en toda su longitud, me coloqué detrás de mi novio, y empecé a meterle la punta del arnés como tantas otras veces habíamos hecho. – No, no, pero qué haces? Ahora no cariño, déjalo…. – A mí me apetece metértelo ahora, mientras te follas al crío este, así que a callar, maricón de mierda. Le hice inclinarse un poco mientras embestía a Álex y empecé a metérsela poco a poco. También se quejaba un poco (como siempre) pero la sensación de estar metiendo, y que se la metieran lo ponía a mil, yo lo sabía, así que seguí empujando y follándomelo. Lo hacíamos al mismo ritmo, yo controlaba con mis movimientos ambas penetraciones, era una delicia oírlos gemir a los dos. Entonces recordé el vibrador del arnés, y sin sacársela a Darío, le susurré lo mucho que me gustaba romperle el culo y lo encendí. Con eso la polla del arnés empezó a vibrar de mala manera, provocándome a mi también unas agradables sensaciones en mi coño, no lo voy a negar, pero quien sin duda disfrutaba era el maricón de Darío, que comenzó a gemir como 1 cabrón, y creo que si no se la hubiese sacado habría terminado llenándole el culo al vecinito con su leche. Pero se la saqué y le dije, sabiendo que se iba a poner encabronado: – Venga maricón, sácasela ya, que por mucho que te guste dar y que te den por culo tienes a una mujer que satisfacer y hoy, como siempre, no estás cumpliendo. Primero me encargué de que Álex se colocara detrás de Darío y empezara a comerle el culo, mientras alternaba la lengua con un par de dedos. Después, me abrí de piernas boca arriba e hice que Darío se acercara. Empecé a masturbarme con su glande, frotándolo contra mi clítoris. Se inclinaba sobre mí con cuidado de no hacerme daño en la barriga, y me decía al oído: – Métetela ya zorra, que quiero probar ese coño tan caliente que tienes, so puta, y verás como hago que te corras en 1 minuto. – – Para que yo me corra hacen falta veinte como tú, so cabrón, que solo disfrutas cuando te parto el culo. Ya te buscaré un negro con un pollón para que sepas lo que es una polla de verdad y no esa mierda que tienes entre las piernas. Así seguimos un tiempo, a veces me gusta ponerlo nervioso y llevarlo al límite y eso lo consigo rebajándolo y dominándolo, pero esa vez me salió mal, porque aunque intenté seguir usando su polla un poco más, me la quitó de las manos y me la metió hasta el fondo, sin contemplaciones, follándome como nunca mientras tenía la lengua de Álex en su culo. Me la metía y sacaba sin piedad, mirándome a los ojos con una mezcla de amor-odio, y murmurando entre dientes si alguna vez había conocido a alguien más macho que él y mordisqueando mis pezones durísimos cuando tenía ocasión. Yo me corrí enseguida, con semejante tratamiento quien podría evitarlo, pero cuando noté que se iba a correr él, gimiendo apasionadamente mi nombre, le dije que la sacara de mi coño, le hice girarse, y masturbando con mis manos su polla y su escroto llevé su pene hasta la boca de Álex donde se corrió, pringándole toda la cara además de descargar una buena cantidad de semen en la boca del niño, mientras yo le decía, sonriendo tiernamente: – Ahora te lo comes todo como un buen chico Álex, no quiero ver que te dejas una gota, o mami se enfadará. Y así lo hizo, relamiendo los dedos untados de la leche de mi novio. Enseguida se vistió y se fue, preguntando si podía volver otro día. No sé cariño…¿le decimos que si?

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