La conoci por internet


La conocí por Internet. Era una de esas direcciones que manda la gente con los correos y que no se molesta en borrar, me llamó la atención, por ser el nombre de una chica, normalmente no hago caso, aunque en esta ocasión me vino muy bien, me añadió como amigo a una de esas redes y la curiosidad me obligó a ver quien era y la verdad, que me dejó helado.

Es una preciosa chica pelirroja, con el pelo largo, con unas piernas de miedo, en la foto de la red, estaba sentada en el marco de la ventana y se adivinaba alta, muy alta, una cara preciosa, más tarde pude apreciar unas ligeras pecas por su rostro angelical, vamos que perdí el habla durante un rato, la primera vez que chateamos, fueron saludos, yo me llamo Ventura, yo Esther y poco más, luego, con el tiempo la cosa se fue calentando y no se como llegamos al cibersexo, pero eso no nos bastaba, así que finalmente fijamos una fecha para vernos en Madrid, cada uno buscó su cuartada y nos citamos. Sigue leyendo

Perversa SIIII


Despues de que mi perro me comiera el coño, llego mi novio para terminar… Hace ya casi un año, una tarde que estaba bastante aburrida, se me ocurrió entrar a un chat para entretenerme un poco. Y tengo que decir que es la idea más maravillosa que he tenido nunca, porque allí conocí a mi novio, Darío. Tampoco hace falta que diga que lo quiero mas que a nadie en el mundo y que es lo mas bonito que me ha pasado nunca porque el ya lo sabe y además no es el tema del relato. Llevábamos viviendo juntos una temporada, y yo ya estaba embarazada de 8 meses, no hace falta que mencione que era un niño muy querido y deseado por los dos. Teníamos un pisito y un perro, nada espectacular pero para nosotros suficiente. Una tarde, estaba tumbada en la cama aunque sin poder dormir. Lo cierto es que estaba bastante aburrida. Y cuando yo me aburro, soy muy peligrosa. Ví pasar a Darío por la puerta del dormitorio y lo llamé. Sólo le dije: – Cariño, me aburro… Él me sonrió, me llamó pervertida, se acercó y colocó su cabeza entre mis piernas. Nunca he encontrado, ni encontraré, a nadie que coma el coño mejor que mi novio, con tanta ternura, pasión y, por supuesto, habilidad. Cuando ya me tenía casi a punto, sonó su móvil. – Cariño, espera, no lo cojas – conseguí articular yo entre gemidos-. Pero él ya se había levantado porque, según me dijo, esperaba una llamada importante del trabajo. Mientras él hablaba, yo me quedé esperándole con las piernas abiertas, cuando oí que por el pasillo se acercaba Rocco, nuestro perro, un dogo alemán de impresionante estampa. Ni me molesté en moverme, pero cuando el perro se acercó y empezó a olfatear mi entrepierna quise apartarlo, nerviosa, pero el tamaño y la insistencia del perro, sumado a mi limitada movilidad por el embarazo, hicieron que no me quedara más remedio que esperar a que volviera mi novio y lo apartase. Pero el perro se emocionó, supongo que por el olor de mi coño cargado de feromonas y empezó a lamer. No voy a decir que me gustaba más que cuando me comía el coño mi novio (no hay nada que me guste más) pero no era una sensación desagradable y la verdad, dejó de molestarme que Rocco estuviese ahí. En ese momento oí: – Pero qué coño haces? Giré la cabeza hacia la puerta y vi a mi novio que me miraba sorprendido. – Nada cariño, el perro salido este, que ha venido y se ha puesto a lamer y no puedo apartarlo – dije yo-. – Serás puta, pero cómo que no puedes, Sigue leyendo

Pasión desmedida


Los episodios de nuestra aventura sexual, como pareja, cambiaron imprevisiblemente el futuro de nuestras vidas. Aquello que empezó por un sorprendente zarpazo mío a los genitales de mi amigo Félix y que continuó con mi flirteo telefónico, dejándome tratar como una coqueta cualquiera con el sobrenombre de Ratita, nos llevó a querer hacer perdurable nuestra amistad convertida en amor, éste en carne y ésta en pasión. Nunca me hubiera creído que de un zarpazo tan atrevido por mi parte y tan inesperado, tanto para mi amigo como para mí – que aunque me lo había imaginado muchas veces nunca creí atreverme – pudiera resultar tan fructífero. Tan imprevisible fue todo que, antes de que me llamara Félix, al día siguiente, para que acudiera a su casa, todavía seguía yo pensando si todo había sido un sueño e, incluso, si llamándome Ratita era una manera de burlarse de lo que habíamos hecho el día anterior y, así, librarse de la mala consciencia que le podría producir haberse dejado llevar por mi instinto homosexual. Tras su llamada, pues, llegué a casa de Félix como una loca ninfómana cargada de la sensaciones del día anterior, gozándome de todas las impresiones sensuales que mantenía vivas en mi pensamiento, en mis papilas, en mi ano, en toda mi piel, con el recuerdo del campanilleó de su polla en mi boca y en mi culo; el roce del vello de su pecho, de su pelvis, de sus nalgas, de sus muslos, de sus piernas y, en fin, de todo su cuerpo magníficamente afelpado que me cosquilleaba gratamente; mis manos en sus testículos con ansias de volver a beber de su elixir níveo, espasmódico, viscoso, acaramelado… y sintiendo dentro de mí un hormigueo que recorría todo mi cuerpo ansioso de gozar nuevamente de todas aquellas sensaciones que me hacían sentir como si flotara en un inmenso océano y me dejara llevar por el vaivén de unas olas placenteras. Aparentemente, como otras tantas veces, llegué a su casa para entretenernos en nuestros juegos y en nuestras aficiones o bien para reunirnos y salir juntos. Esta vez… era tan distinto. Félix ya estaba esperándome asomado en la ventana de su habitación, me vio, me saludó, me hizo la seña de que estaba solo. La puerta ya estaba abierta, subí las escaleras como una loca, le abrace, nos besamos en la boca efusivamente. Goce, como primicia, del sabor de su lengua ensalivada de una mezcla de café i coñac francés. Su cuerpo, bragado, olía a tío – Mis padres están de viaje – me dijo – Antes de irse se tranquilizaron diciéndome que me dejaban en tus manos, confiados en tu sentido de responsabilidad. Tú ya sabes que, de ti, tienen una buena imagen. No sé que pensaran, ahora, cuando se enteren y sepan que eres… – dudó, pero me lo dijo – un maricón reprimido. – No me gusta que me digas eso, al menos en frio, Félix. Además, no me siento eso, ni lo soy. Llámame, Ratita; se ajusta más a mis deseos de ser tu hembra. Quiero pensar Sigue leyendo

Menudas amigas


Hola,  tengo 29 años mido 1.70 y mis medidas son 100 – 62 -92 y la historia de hoy es de cuando mi amiga Raquel me invito a pasar un fin de semana con ella y su marido en su casa en la playa.
Esos días andaba un poco deprimida x ciertos problemas en el trabajo y también había terminado una relación, así que estaba sola y al encontrarme con Raquel, ella me contó que se iba a pasar el fin de semana con su marido Jorge en la casa que tenían junto a la playa en la ciudad de Villa Gessel ( una ciudad costera acá en mi país) y me invitó a ir con ellos, primero no acepte, no quería ser una molestia entre una pareja que seguro quería estar sola, pero ella insistió ya que me dijo que Jorge tenía que hacer un trabajo, él es periodista y debía escribir un articulo, así que ella podía no estar sola cuando el trabajara, entonces acepté pensando que no me vendría mal una par de días de aire fresco.
Al día siguiente, al llegar a su casa vi a mis amigos listos para salir, aprovecho para contarles como son ellos, Raquel tiene 26 años, es un poco más alta que yo con lindas piernas y una cola paradita, de pechos pequeños pero redondos y paraditos, iba vestida con un pantalón ajustado que resaltaba su linda cola y una remera, que dejaba ver que no llevaba sostén por como se marcaban sus pechos paraditos. Jorge tiene 31 años, como de 1.80, es atractivo de un físico normal, al verme llegar me saludaron y él me dijo que estaba muy linda, en verdad estaba vestida bien cómoda, llevaba una calza ajustada que dejaba ver la marca de mi tanguita, pequeña como las uso siempre, y una remera ajustada, llevaba sostén pero igual mis pechos grandes siempre se notan.

Salimos en su auto, el viaje duraba unas 3 horas, así que fuimos conversando de todo un poco, mis 2 amigos en verdad son muy agradables y estaba feliz de haber aceptado, llegamos a la casa, el día estaba espléndido de sol, así que decidimos aprovecharlo y apenas llegar nos preparamos para ir a la playa. La casa estaba en un lugar apartado, sobre la playa y como no era temporada no había nadie por allí. Me fui a cambiar y me puse mi bikini, era de color azul, y la tanga era pequeña que dejaba ver mis nalgas bastante bien. Al encontrarme con ellos, Raquel también llevaba un bikini blanco y con tanga como la mía, se veía perfecta su cola paradita y Jorge tenía un bañador tipo bóxer, algo ajustado, y al verme solo pudo expresar lo buena que me veía así, Sigue leyendo

Me gusta doble


Bueno queria contarles de como me gusta ser doblemente penetrada. Todo empezo hace unos 3 años, cuando un noviecito que tenia me insistia en darme por el culo. Estabamos en una seccion de sexo muy caliente, y cuando me empezo a acariciar la cola de repente uno de sus dedos comenzo a jugar con la entrada de mi apretadito culito. Al principio me senti rara, pero al cabo de unos minutos la situacion me calento mucho.

Mi novio me pidio probar un poquito, asi que con una tremenda calentura me separe los cachetes con mis dos manos, y el escupiendo su verga la acerco a mi entradita, de a poquito me la fue metiendo. Senti un dolor horrible, pero me aguante. Mi novio, comenzo a tocarme la conchita, con esta estimulacion la enculada me comenzo a gustar y casi sin darme cuenta me la enterro hasta los huevos. Me senti invadida de un placer hermoso asi que comence a moverme para hacerme coger por la hermosa verga, no se cuanto tiempo paso pero empece a acabar de manera salvaje. Mi novio no se contuvo mas y me lleno de lechita el culo, la verdad es que sentir la leche dentro mio me encanto.
Cada vez que tenia sexo con mi novio le pedia que me hiciera la colita. Una tarde me trajo un paquete: un consolador. Ahi mismo lo probe, en la conchita me enterre el consolador y por el orto la pija. Funciono de mil maravillas, esta vez mi novio me pidio que chupara su verga para sacarle la leche, como siempre estaba tan caliente que dije que si, mientras me comia su pija, el me cogia con el consolador, alternaba la concha y el culo y yo gozaba como loca.
Luego de un tiempito le pedi de probar la pija y el consolador por el orto, los dos a la vez, uh que manera de gozar, Sigue leyendo

Mi hermanita y el cura


-“Padre, me confieso de que he pecado…jijiji”, respondía mi hermana, “No le soy fiel a mi marido. Tengo pensamientos impuros y sueños obscenos con el carnicero, pero él también está casado”, seguía diciendo mi hermana, entre risas, a través de las rejillas de madera que protegían la identidad del pecador o pecadora, y arrodillada sobre un cojín de terciopelo que había en la parte de abajo. Mis abuelos solían ir a misa todos los Domingos, tal y como la mayoría de la gente del pueblo tenía por costumbre. En Canarias, mi hermana y yo nunca lo hacíamos (ya que nuestros padres nunca nos lo impusieron como una obligación), pero estando de vacaciones de verano en el pueblo de nuestros abuelos, nos gustaba acompañarlos, porque nos parecía curioso los rituales que la congregación seguía durante la hora que duraba la misa aproximadamente: las colas que se formaban ante el confesionario al principio, el sermón que el cura les echaba desde el púlpito (mientras todo el mundo le escuchaba con la cabeza agachada), el silencio que siempre reinaba dentro del templo, la cola que se volvía a formar para recibir la ostia (la que se come jijiji)…era fascinante sentarse en uno de los numerosos banquillos de madera y observar el mismo procedimiento que aquel grupo de personas repetía Domingo tras Domingo… Mi hermana sentía auténtica fascinación por explorar el interior del templo (era una iglesia muy antigua, según nos contaron de estilo pre-romano, con enormes portones de madera, llena de altas columnas que dividían el espacioso interior, con lindas vidrieras que decoraban las amplias ventanas, y numerosas figuras de santos y vírgenes (de los cuales ya no recuerdo los nombres), y largos pasillos que conectaban con la sacristía y con la vivienda del vicario tras pasar un patio de naranjos en el interior), y yo (como siempre) la seguía a todas partes como si fuera su sombra. Normalmente, mi hermana y yo, intentábamos comportarnos lo mejor posible mientras estábamos en la iglesia con nuestros abuelos, porque mi abuelo le daba mucha importancia a las apariencias y solía darnos un corto sermón antes de salir de casa insistiendo en que nos portáramos bien en la iglesia. Pero a veces, el sermón del cura era muy aburrido, y salíamos (con mucha discreción) al patio de naranjos (aunque no estaba permitido), o nos metíamos dentro del confesionario y jugábamos a ser el cura y la beata: – “Dime hija mía, cuales son tus pecados?”, decía yo a mi hermana desde el interior del confesionario. -“Padre, me confieso de que he pecado…jijiji”, respondía mi hermana, “No le soy fiel a mi marido. Tengo pensamientos impuros y sueños obscenos con el carnicero, pero él también está casado”, seguía diciendo mi hermana, entre risas, a través de las rejillas de madera que protegían la identidad del pecador o pecadora, y arrodillada sobre un cojín de terciopelo que había en la parte de abajo. -“Bueno hija mía, si son sólo pensamientos impuros…reza dos ave marías e intenta controlarlos”, decía yo con voz muy seria, como si fuese el cura. -“Pero padre…es que ayer, se aprovechó de mi”, Sigue leyendo